El mar se viste de fiesta en Santa Marta


Una semblanza sobre las Fiestas del Mar, de la exquisita ciudad de Santa Marta
Por Víctor Menco Haeckermann
Foto: Luis Puello

“Hazte hombre te digo como yo a veces me hago mar”.
Vicente Huidobro, poema “Monumento al mar”.

El mar, ese precioso ser al que le han cantado grandes poetas a través de la historia –unas veces, dios terrible de barba espumosa llamado “Poseidón”, y otras, mujer amorosa como “la mar” de los marineros–, tiene su propia festividad en la Bahía de Santa Marta, lugar cumbre del Caribe Colombiano. Allí sus lomos se visten de gala cada año en las llamadas Fiestas del Mar, un evento que conmemora el aniversario de la fundación de la ciudad, y se constituye en atracción turística durante las vacaciones de mitad de año, para quienes aman los deportes acuáticos y playeros de alto nivel. Su reconocido eslogan, “Santa Marta, la magia de tenerlo todo”, se queda corto de imaginación.
Lo que se originó como un encuentro deportivo y conmemorativo en 1959, por iniciativa de José "Pepe" Alzamora, Francisco Ospina y Emilio Bermúdez, con diversas competencias en natación, esquí, salto de rampas, etc., es hoy una celebración que año tras año crece y se solidifica como un marco excepcional para el turismo deportivo a nivel mundial, gracias a que la Perla del Caribe, como se le conoce a la ciudad, posee condiciones climáticas y geográficas perfectas. 
Comparsas y desfiles llenos de color, música y baile, fiestas por toda la ciudad, bufet con comida típica, espectáculos con grupos folclóricos y reconocidos artistas musicales, desfiles de vehículos antiguos, el Reinado Nacional del Mar (así como su versión internacional), han venido a engalanar esta cita a la que acuden turistas nacionales y extranjeros.
Entre una variedad de justas deportivas, destacan: la media maratón, fútbol y voleibol playa, triatlón, esquí, polo acuático, canotaje, pesca artesanal y más disciplinas de deportes extremos (efectuadas en el escenario de la Reserva Natural Mamancana); y las competencias autóctonas del Caribe colombiano: natación, regata, paleros, canaletes y bicicletas marinas (las cuales se realizan en el balneario de El Rodadero y la Bahía de Santa Marta).
Con el fin de alcanzar la corona, las candidatas del reinado de belleza deben comportarse como todas unas “sirenas”, y hacerse amigas del mar, enfrentándose a sus adversarias en competencias que ratifiquen sus habilidades en la natación y otros deportes acuáticos, en una muestra interesante que busca algo más allá de la simple belleza exterior.
Y si de belleza exterior se trata, cuenta mucho el ingenio que los diseñadores nacionales ponen en los vestidos que lucen las candidatas en la Fiesta de Fantasía, que tiene lugar en uno de los muelles de la Sociedad Portuaria de Santa Marta. Aquí las candidatas son las encargadas de llevar sobre sus cuerpos la ondulante piel marina, la pedrería resplandeciente del fondo del océano, y, en fin, el colorido ecosistema y la sugestiva mitología que florecen en esta parte del mundo, tomándose en serio la frase del poeta chileno Vicente Huidobro sobre la transmutación de humano a mar.
Por estas fechas, los samarios, como buenos caribeños, salen a festejar –al ritmo de la música de su paisano Carlos Vives– el título de “la ciudad más antigua existente de Colombia y la segunda más antigua de Suramérica”, tras haber sido fundada el 29 de julio de 1525 por el conquistador español Rodrigo de Bastidas. Es común ver las populares “guerras de bolsas de agua” entre los jovencitos, o las guerras con mangueras entre las pequeñas embarcaciones que pasean por la Bahía.
Por su parte, aquellos visitantes de todas partes del país y del mundo que prefieren días y noches agitados –en contraposición al turismo calmo del resto del año–, reservan hoteles con anticipación para no quedarse sin hospedaje ante un promedio de ocupación hotelera del 91%, y aprovechan para conocer las maravillas aledañas a la Bahía, como el recuperado Centro Histórico, la Sierra Nevada (el único pico de nieve junto a la cálida orilla del Caribe), el paraíso virginal que es Parque Tairona, el coralino balneario de Tanganga, o la Quinta de San Pedro Alejandrino (donde falleció el Libertador, Simón Bolívar), corroborando la idea de los habitantes de que “se tiene todo”.
Es por ello que la administración pública y la empresa privada tienen la gran responsabilidad de llevar a cabo esta celebración –al tiempo que mantienen la atención en todos los frentes turísticos–, valiéndose de un despliegue de infraestructura náutica, con la que pretenden estar a la altura de los eventos acuáticos de alta calidad efectuados en Río de Janeiro en Brasil y Punta del Este en Uruguay.

Pero, por sobre todo, los encargados distritales de la protección del medio ambiente, así como los asistentes a las fiestas, tienen el reto de velar por la seguridad de este recurso hídrico tan vituperado por la humanidad entera en los últimos años, ya que es nada más y nada menos que el homenajeado. Es así. La ciudad con la bahía más hermosa de América le debe casi todo a este mar que cada año se viste de gala e inicia por varios días una aventura que año tras año incluye de novedades; porque, como dijo el otro gran poeta chileno Pablo Neruda, el mar “no puede estarse quieto”.

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